lunes, 31 de marzo de 2014

Cultura Vocal es el blog 

de 

 Bilbao Voz Project  

destinado a compartir con vosotros opiniones,reflexiones, noticias, artículos y eventos en relación a la voz; la voz y la persona; la voz en el arte;la voz en la sociedad; ;la voz en la psicoterapia; la voz en la comunicación, en definitiva, la voz en las relaciones humanas. 

domingo, 23 de marzo de 2014

¿QUÉ ES CULTURA VOCAL?



 "Se ha dicho que la preocupación por los problemas de la voz es un indicador fiable de la cultura y la salud de un pueblo"

                                         François Le Huche y André Allali

 

CULTURA VOCAL


La comunicación interpersonal entre las personas se vehiculiza simultáneamente a través del contacto ocular, la expresión facial, los gestos, el movimiento corporal, la voz y la palabra. En el intento de comprender lo que alguien busca comunicarnos prestamos atención a todos los mensajes que nos llegan a través de estas vías mencionadas con el fin de tener una percepción de aquello que la persona intenta transmitirnos y construir una compresión de su mensaje.


Aunque el gesto, el contacto ocular, el movimiento y la expresión facial dan un significado al mensaje nuestra atención, por lo general, tiende a centrarse en toda aquella información que nos llega a través del canal oral. El canal oral es el más ampliamente utilizado en el día a día entre las personas. Este canal está formado por dos componentes, el vocal y el verbal, o dicho de otra manera, la voz y el habla. El habla se relaciona con el discurso verbal, la elección del vocabulario y su pronunciación, mientras que la voz se relaciona con la forma en que este discurso verbal es emitido mediante el tono, el ritmo, el volumen, la intensidad. Mientras el canal verbal vehiculiza el tema-materia hacia el oyente el canal vocal es aquel que transmite nuestro estado afectivo, físico y psíquico y es aquel que dirá más acerca de la personalidad del orador. Si la persona estuviera viviendo algún tipo de conflicto los dos canales podrían plasmar un contraste denominado fenómeno de incongruencia. Una situación que todos hemos podido vivenciar cuando, por ejemplo, alguien nos dice que está bien mientras que su voz suena sofocada por la pena. En el caso de una enfermedad mental estas incongruencias se presentan en un alto grado. Cuanto mayor sea esta disonancia y mayor contraste exista entre el mensaje verbal y el mensaje vocal mayor será el conflicto y más grande la fisura en la integración de la persona.


Hay, sin embargo, un matiz que se pasa por alto cuando hablamos de comunicación no verbal centrándonos en la voz. Ese matiz es que, por lo general, se lleva la atención al tono, ritmo, volumen pero ¿qué pasa con el timbre y el mecanismo en el que se mueve la voz? ¿Qué es lo que hace que una persona se estructure vocalmente en una dimensión laríngea concreta y en un mecanismo concreto? Hay muchos factores interactuando; las dimensiones físicas de la laringe, el grosor de los pliegues vocales, la constitución física, el ambiente cultural, la herencia auditiva, y las dinámicas interrelacionales a lo largo de la historia de la persona. Aquí entramos en el terreno de las relaciones humanas, la cultura y la identidad vocal, factores que subyacen en la raíz de la forma que nos expresamos a través de nuestra voz.


Todos hemos sido bebes y todos hemos tenido como primer medio de contacto la piel, la mirada, los sonidos, la voz que nos llegaba, los sonidos vocales que emitíamos y así nos hacíamos comprender. Después con la adquisición del lenguaje, la palabra tomó el primer puesto en el canal de comunicación como medio para entender y hacerse entender, que no sé si comprender. Por lo tanto, todos recibimos los mensajes que nos transmite la voz, todos reaccionamos en mayor o menor medida a ellos, la mayoría de las veces sin darnos cuenta siquiera pero no terminamos de percibirlos debido, a lo que yo llamaría, déficit en la escucha. Déficit en la escucha activa. Una escucha base para construir un nivel de cultura vocal que permita una interacción saludable entre las personas.

                                                                                                                                                                          Juan Carlos Garaizabal Jorge

CULTURA VOCAL: UNA VISIÓN PERSONAL


¿Qué es Cultura Vocal? Buceando en internet, encontramos solo

 una entrada. En una página, titulada “Hablar bien en público”- What? Bien? Qué es eso? De acuerdo a qué referentes? A qué premisas? - se hace referencia al cuidado de la voz con el objetivo de no provocar una disfonía. Y, sí, es una parte importante. Pero quiero ir más allá.


Todos los profesionales con los que he tenido la fortuna de formarme (ver biografía) tienen un común denominador: cuando hablan de voz hablan de persona. La voz como la parte audible de la psique, del cuerpo emocional, del cuerpo físico, de la herencia musical, del bagaje auditivo social. Limitar el concepto de cultura vocal al mero hecho del cuidado funcional y físico es quedarnos cortos. Imaginaros que la voz es como un regalo en el que habéis invertido vuestro tiempo para pensarlo, buscarlo y elegirlo; vuestro dinero en comprarlo y, por último, lo habéis envuelto en un bonito papel y lo habéis llevado hasta las manos de esa persona que queréis. Pues, nuestra voz es como ese regalo. En su creación intervienen nuestras tripas, nuestro corazón, nuestra mente y nuestra intención de llegar al otro, de comunicarnos con el otro. A través de nuestra voz entramos en contacto con el otro. Y aquí es donde, para mí, está la esencia de la cultura vocal: en el cuidado y la consciencia del impacto que tenemos sobre los demás a través de nuestra voz. Entramos de lleno en el terreno de las relaciones humanas. Y me doy cuenta que no le prestamos mucha atención. A veces, si la voz fuera nuestras manos, nos encontraríamos arañando, golpeando, ni tocando si quiera, tirándola como si fuera un escupitajo. Y no digo que tengamos que hablar como si fuéramos algodones. No. La escucha del otro y de nosotros mismos mientras hablamos, la regulación en la interacción, la valoración de nuestro sonido e imagen vocal, el ser conscientes de que para que exista la congruencia en la comunicación el mensaje verbal necesita apoyarse en el mensaje vocal. El SER en un acto de CO-CREACIÓN con el otro dentro de un marco de respeto mutuo. Quizás es solo una utopía de un amante de la voz, pero ¿no cuidamos, y a veces, casi vigilamos nuestro aspecto físico, nuestra imagen, nuestras palabras, nuestros hábitos sociales? ¡¿Entonces?!En los escenarios en más de mil ocasiones es suficiente con que se oiga, se proyecte - cada vez estoy cogiendo más manía a esa palabrita, – y con que se entienda el texto. Traspasado a danza es como si nos conformáramos con que se vea que el bailarín se mueve desplazándose por el espacio sin prestar cuidado a los mínimos detalles del movimiento y del gesto. A mi juicio en muy pocas producciones se mima con rigor la voz y su presencia y lo que es peor, es que en muchas ocasiones, esto significa que se descuida al actor dando prioridad a todo un sinfín de aspectos técnicos, escenográficos, de producción. Porque, total, como el actor siempre se busca la vida... Y con esta“filosofía” de trabajo privamos al espectador del placer de escuchar y le reducimos la experiencia al mero trámite de oír. ¿No tendría que ser el teatro un referente válido para el uso de la voz en general y de la voz hablada en particular? Algunos me diréis que para modelos de uso de voz ya está la opera o los musicales. Pero eso sería entrar en otro tema.

                                                                                                                                 Juan Carlos Garaizabal Jorge

CULTURA VOCAL: CIVILIZACIONES ANTIGUAS


En el Antiguo Egipto, hablando de cultura vocal debemos hacer referencia a su última gran reina, Cleopatra VII (¿69?-30 A.C.) Parece ser que reunió en su corte a los mejores maestros conocidos con el fin de cultivar su instrumento vocal. Al igual que una actriz, trabajaba su voz para volverla flexible y seductora o autoritaria, en función de sus intereses. Varias fuentes citan que recibía a los embajadores hablándoles en su propia lengua y que se ejercitaba recitando con frecuencia a filósofos y poetas.


La Grecia antigua prestaba una especial atención a la voz hablada, ya que la oratoria ocupaba un lugar destacado en la sociedad. En Atenas se crearon varias escuelas en las que un gran número de alumnos educaba su voz. En estos centros se practicaba el arte de la oratoria y a la vez, se prestaba una gran atención a la postura corporal y la importancia del gesto con el fin de matizar el discurso. De acuerdo con la retórica clásica, el proceso se componía de cinco pasos: Inventio, análisis del tema y organización del discurso; dispositio, arreglos de acuerdo a ciertos elementos, como por ejemplo el tipo de oyente o situación;elocutio, el orador debía encontrar una forma verbal adecuada; memoria, tenían que memorizar el discurso; actio, la búsqueda del máximo efecto; y finalmente, laelocutio, la forma vocal más adecuada para el discurso, momento del proceso en el cual el alumno era animado a revelar su propia personalidad a través del uso de su voz hablada. En la sociedad clásica griega era generalmente aceptado que la oratoria era un signo de sabiduría. Al hablar de la oratoria en el mundo griego, no puede faltar Demóstenes, uno de los oradores más importantes de la antigua Grecia. Al parecer, Demóstenes tenía graves defectos de pronunciación que no le auguraban ningún futuro como orador. Asistió a varias escuelas de oratoria y se informó de las distintas técnicas que allí enseñaban y de cuáles eran las cualidades de un orador. Después, se retiró a la orilla del mar donde se construyó una cabaña. En aquel lugar solitario practicó con gran tesón ejercicios de respiración y fonación hasta lograr su objetivo: convertirse en el mejor orador de su tiempo. Cuenta la leyenda que uno de los ejercicios consistía en hablar con voz potente al lado de un mar agitado, articulando con exageración las palabras y la boca medio llena de pequeñas piedras.


La Antigua Roma también consideró y cultivó la voz. La mayor influencia en oratoria es atribuida a Quintilian (AD 35-97), que se convirtió en el primer profesor de retórica, y a quién el gobierno encargó rectificar la situación de la oratoria en las escuelas. Al inicio se basó en el estilo de Séneca acabando por escribir doce libros sobre teoría de la retórica. Ideó un programa de formación que abarcaba todas las edades de la persona, desde la más tierna infancia hasta su retiro en la vejez. Existían diferentes técnicas y se formaban profesores con el fin de transmitir estas enseñanzas. Los profesores especializados en la voz se clasificaban en tres tipos: Vociferarii, Phonasci y Vocales. Los Vociferarii se centraban en los ejercicios que fortalecían la voz. Los Phonasci reforzaban el volumen. Finalmente, los Vocales se encargaban de la entonación, las modulaciones y el perfeccionamiento en el canto. El emperador Nerón (54-68 D.C.) que se consideraba a sí mismo un gran poeta y mejor cantante, iba siempre acompañado de un Phonasci que lo cuidaba y aconsejaba para que en sus actuaciones no forzara ni maltratara su “maravillosa” voz. Pero parece ser que el arte de la elocuencia declinó al mismo tiempo que declinaban los valores morales de la Antigua Roma. Aunque pensaban que la oratoria podía civilizar a los pueblos bárbaros, la obsesión por hacer dinero y abandonarse a una vida de placeres contribuyó a la degeneración de la disciplina necesaria para construir un alto nivel de oratoria.

                                                                                                                                Juan Carlos Garaizabal Jorge

viernes, 15 de junio de 2012

SER SILENCIO



Silencio, ese estado interno de escucha. Silencio, ese estado que recoge todo aquello que nos llega, al igual que una vasija recibe y aloja el agua de  lluvia, la ve posarse y solo después de posada, miramos en su interior y ante nosotros aparecen con claridad las formas que refleja. Silencio, un estado que nos hace oír el nacer del sonido con su  impulso  y sentir su gestación d hasta que el cuerpo  lo pare  en voz  sola o  revestida de palabra. Silencio, una intención íntima de recoger  nuestra huella de voz en el espacio inmediato. Silencio que nos permite remodelar a golpe de voz, una y otra vez, la escultura sonora que estamos construyendo en el espacio, imagen fiel de quienes somos en ese momento. Silencio que permite dar movimiento al alma, y Sócrates se cuela por los entresijos de este texto. Silencio, una actitud de diálogo. Silencio, un estado genéticamente vivo, tierra creativa y fecunda. Silencio, algo que no vende en esta era de “marketings”  de formulas de estimulación constantes, ruido donde se confunde excitación con bienestar; ruido donde se confunde ruido con comunicación; ruido donde se confunde diarrea verbal con expresividad;  ruido donde se confunde sabiduría por información; ruido donde se confunde almacenamiento de datos con cultura; ruido donde se confunde calidad con cantidad….. Ruido ausencia de silencio que desenraiza, que nos desconecta de quienes somos.

Un apreciado amigo dice que los de ciudad no sabemos lo que es el silencio. E intuyo que tiene razón. Solo desde la escucha asentada en el silencio se puede  oír y apreciar y recibir la resonancia interna de lo que oímos, de nuestra voz en el espacio, de nuestras palabras. No es el silencio de la pose callada e interiormente cerrada  sino el silencio de la apertura interna para recibir y dejar vivir en nuestro interior aquello que nos llega desde fuera como desde dentro antes de mover respuesta. Silencio es dejarse tocar por dentro. Silencio quietamente activo,  momento de descanso para el cuerpo.

Suele sorprender cuando en  alguna clase  de grupo señalo que existe la posibilidad de una clase de expresión vocal   llena de silencio  y solo silencio, sin voz. Silencio creativo. Veo que abrir esta posibilidad  tiene un efecto de alivio. Alivio  de la presión que ejerce la presunción de que  una clase de voz, claro está, tiene que estar llena de sonido vocal. Abre la posibilidad de estar, sin tener que hacer, simplemente y nada más y nada menos que ser. Algo a veces vivido como algo peligroso porque si no hago, no sé con qué me voy a encontrar. Y encontrarse y reconocerse a veces es fuente de pavor, muchas más es fuente de placer. Solo al brotar el impulso  y nacer la intención, la necesidad o el deseo de mover nuestra voz  para comunicar será cuando surja la voz y podremos decidir, o no, darle vía libre a su expresión y de cómo hacerlo, con qué forma. Un acto de libertad y de responsabilidad. Sentimos, no somos responsables de lo que sentimos pero sí de lo que hacemos con ello, sea la voz, sean nuestras emociones traducidas a actos, sea nuestra vida. Y en el silencio germina la semilla.

Si seguimos la visión de Alfred Wolfsohn y su pensamiento de que  la voz es persona, y si la voz nace del silencio, podríamos jugar con la idea de que la persona  nace del silencio. Y, a veces, pareciera que no hacemos otra cosa que perdernos y ahogarnos en el ruido sin sentido.



Juan Carlos Garaizabal Jorge

LA CASA HABITADA



 La voz, plegada en su hábitat cotidiano, apenas  permite percibir quiénes somos, cómo somos. Solo se asoma un perfil,  bello y  de fondo salvaje. Naturaleza vestida con ropajes de palabras. Una ventana abierta que desde la fachada exterior nos deja ver solo una parte del interior de la casa. Incluso la casa no sabe que es lo que desde fuera las miradas que se cuelan por su ventana  alcanzan a comprender. La ventana tiene la mágica habilidad de extenderse en todas las direcciones gobernada por un caprichoso movimiento de origen invisible, impalpable pero sentible. Quizás no sabe que nos deja ver el interior de la casa; un inmenso tejido de miles de hilos entrelazados, con sus infinitas texturas, colores de matices y densidades de emoción. Trazos escritos, nudos formados  en un tejido vivo que cuenta a quien sepa escuchar la historia de la casa. Historia grabada en  entresijos de  hilos. Herencia, caminos andados, tristezas, deseos, esperanzas. Hay otras casas. Las casas  deshabitadas. En su vacío,  los rastros  de quién no está. Ausencia  más trágica  que la muerte. Ausencia de heridos en guerras íntimas  que deambulan por la calle vestidos de normalidad.

Si los parajes son hostiles, el ambiente frío y los ecos mudos,  la casa formará gruesos muros con pequeñas ventanas. Justo para dar el oxigeno mínimo que  mantenga encendido el fuego de su lar. Lo  justo para caldear la vida dentro de sí. Los ventanucos solo se abrirán si la primavera de la alegría calienta sus bisagras y  el verano de la confianza sostiene firme su mirada abierta al mundo. Entonces se atreverán a  dejarnos  escuchar la voz que canta dentro.   La casa  que nace de una tierra que sostiene, en el seno de un paisaje  cálido rico en brisa  que acaricia hablando, la casa se alzará  a la vida y al gozo; su voz correrá a buscar otras voces a través de puertas y balcones.

No conozco una casa que no tenga sus zonas en sombra, casi oscuras, quizás hasta ignoradas por la memoria; tejidos de voz que por acallados tienen en su mudez impuesta, un grito. Una mirada, un gesto, un mensaje respirado en el aire  tuvo el poder de recluir en sus desvanes,  en sus sótanos  ese matiz de voz viva. La deshizo  de aquellos hilos de colores que no encajaban con el color reinante, no cumplían la exigencia de la expectativa establecida. En otra casa un olvido por dejadez convertido en olvido hasta el olvido relegó aquel hermoso entramado de hilos de frescura que semejaba a la risa de agua al fondo de un baúl polvoriento. He visto baúles donde ya no caben más destierros y al final sus cerraduras se rompen por la presión de todo aquello que se acalla. Los pasos por esos pasillos  llegan a su fin, no hay más escalones, no hay más descansillos, no hay  salida, no hay camino de vuelta. No se puede respirar. Y las voces emergen del baúl, brotan y  se deslizan. Empapan la madera, apartan el polvo, refrescan el aire. Las voces desterradas con sus tejidos plenos de vitalidad vuelven para alfombrar un camino nuevo que seguir. He visto casas con esquinas que se descongelan. Y el agua quema. Y el bálsamo de la tristeza baña las heridas, descanso, las calma y después se irá. Y la casa viva  vuelve. La voz la reconquista y la habita.  La casa saca sus sábanas al sol, extiende las alfombras de sus hermosos colores, cubre las paredes de singulares tapices trenzados en hilos de colores únicos, en capas de hilos trenzados en colores, en gama de brillos y opacos. Seda, algodón, lana, esparto y en algún lugar de la casa bañado a la luz del día ese mueble destartalado que también existe. El aire se mueve tranquilo. Se respira en casa.

  Juan Carlos Garaizabal Jorge